…Uno de ellos era Menipo de Licia, de veinticinco años de edad, bastante dotado de inteligencia y bien proporcionado de cuerpo, pues parecía un atleta hermoso y de noble estirpe en su porte. La gente pensaba que a Menipo lo amaba una mujer extranjera. La mujer parecía hermosa y bastante elegante. Afirmaba que era rica, pero al parecer no era sencillamente nada de eso, sino sólo lo parecía. Pues una vez que caminaba él solo por el camino de Cencreas, se le presentó una aparición y se convirtió en mujer. Lo tomó de la mano, asegurándole que lo amaba hacía tiempo; que era fenicia y vivía en un arrabal de Corinto. Dándole el nombre del arrabal añadió:
-Si vas a la tarde, habrá para ti una canción, pues yo te cantaré, y vino como nunca lo bebiste. Además, no te molestará ningún competidor; sino que yo, hermosa, viviré con un hombre hermoso.
Seducido por esto, el joven, que para la filosofía en general poseía gran vigor, pero de lo amoroso era un esclavo, la visitó por la tarde, y la frecuentó en adelante como a su amiga, sin reconocer al fantasma.
Pero Apolonio, mirando a Menipo al modo de un escultor, delineó al joven y lo escrutó, así que, llegando a una conclusión negativa, dijo:
-Tú, hermoso sin duda, y objeto de acecho de las mujeres hermosas, acaricias una serpiente, y una serpiente, a ti -y, ante la sorpresa de Menipo, añadió-. Porque tu mujer no es una esposa. ¿Qué? ¿Piensas que eres amado por ella?
-Sí, por Zeus -contestó-, puesto que se comporta conmigo como quien ama.
-¿Y te casarías con ella? -añadió.
-Efectivamente, sería grato casarse con la que nos ama.
Así pues, preguntó:
-¿Y las bodas, cuándo?
-Prontas -contestó-, quizá mañana.
Así que Apolonio, acechando el momento del banquete y presentándose a los comensales recién llegados, les dijo:
-¿Dónde está esa elegante dama por la que habéis venido?
-Allí -dijo Menipo, y al tiempo se levantó, ruborizado.
-¿Y la plata, el oro y lo demás con lo que está adornada la sala de banquetes, de quién de vosotros es?
-De mi mujer, pues esto es todo lo mío -contestó, señalando su manto de filósofo.
Apolonio dijo:
-¿Conocéis los jardines de Tántalo, que son, pero no son?
-Solo por Homero -contestaron-, ya que no hemos bajado al Hades.
-Pensad eso de esta ornamentación. Pues no es materia, sino apariencia de materia. Y para que sepáis lo que quiero decir, la buena novia es una de las empusas, a las que la gente considera lamias o mormolicias. Esas pueden amar, y aman los placeres sexuales, pero sobre todo la carne humana, y seducen con los placeres sexuales a quienes desean devorar.
Y ella dijo:
-Deja de decir cosas de mal agüero y márchate! -y daba la impresión de estar irritada por lo que oía. De algún modo se burlaba de los filósofos, de que charlataneaban continuamente.
No obstante, cuando las copas de oro y lo que parecía plata demostraron ser cosas vanas y volaron todas de sus ojos, y los escanciadores, cocineros, y toda la servidumbre de este jaez se esfumaron al ser refutados por Apolonio, la aparición pareció echarse a llorar y pedía que no se la torturara ni se la forzara a reconocer lo que era. Al insistir Apolonio y no dejarla escapar, reconoció que era una empusa y que cebaba de placeres a Menipo con vistas a devorar su cuerpo, pues acostumbraba a comer cuerpos hermosos y jóvenes porque la sangre de éstos era pura.
Vida de Apolonio de Tiana, Filóstrato.